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24 octubre 2008

Confesiones de un hombre

Nunca había entendido porqué las necesidades sexuales de los hombres y las mujeres son tan diferentes entre si.

Nunca había entendido todas esas cosas de que las mujeres son de venus y los hombres de Marte. Y nunca había entendido porqué los hombres piensan con la cabeza y las mujeres con el corazón.

Ustedes me ayudarán a enterder si les cuento lo siguiente. Una noche, mi esposa y yo nos fuimos a la cama. Y bueno, empezamos a cariciarnos apasionadamente, el inevitable agarre de chichis, el trasero, etc.

Todo esto me llevó a pensar que tendríamos una noche especial, creí que ella estaba lista y en ese momento, me dice: Ahora no tengo ganas mi amor, y tan sólo quiero que me abraces!.

No supe que decir más que preguntar QUEEE?

Entonces me dijo las palabras mágicas de toda mujer: "No sabes conectarte con mis necesidades emocionales como mujer".

Al final, el asunto era que esa noche no iba a ganarme una gran pelea, así que guarde los aceites afrodisíacos, apagué las velas, quité el CD de Alejandro Sanz,(en esos momento s casi siempre funcionaban) apagué el equipo de sonido, guardé las TKT's (champaña regia) y demás.

Me eché un regaderazo con agua helada a ver si podía calmar a la "bestia" que tenía dento y me puse a ver Discovery, a todo volumen para no dejar dormir a la hija de mi suegra.

Después de un rato me quedé dormido. Al día siguiente fuimos de compras al Jockey Plaza, entramos a una tienda, me fui ver relojes mientras ella se probaba tres modelitos carísimos "Liverpool".

Como mujer al fin no podía decidirse por uno u otro, le dije que se llevara los tres.

Entonces me dijo que necesitaba unos zapatos que le hicieran juego! a $ 390.00 el par, le contesté que me parecía bien.

Luego fuimos a la sección de ropa sport, de donde salimos con unas chamarras con plumas y una Bolsa Luis V uiton y algunas cosas mas de esas.

¡Estaba tan emocionada! Yo creo que pensaba que me había vuelto loco, pero de todas maneras las traía. Pienso que me estaba poniendo a prueba cuando me pidió una faldita muy corta para jugar tenis.

Entró en shock cuando le dije cómprate todo lo que quieras. Ella estaba casi excitada sexualmente después de todo esto; entonces dijo la palabra mágica de toda mujer:

Ven papito lindo, mi gordo hermoso (y otras hermosas palabras que saben decir las mujeres), vamos a la caja a pagar.

Fue aquí cuando, de repente faltando solo una persona para pagar le dije: Nooo! mi amor, creo que ahorita no tengo ganas de comprar todo esto.

De verdad, ojalá le hubieran visto la cara, se quedó pálida cuando le dije: Tan solo quiero que me abraces.

Empezó a poner cara de que se iba a desmayar, se le paralizó la parte izquierda del cuerpo, le dio un tic nervioso en el ojo derecho y le dije:

No sabes conectarte con mis necesidades financieras como hombre.

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